Ocurrió a principios de octubre y habíamos salido los habituales. Mirando hacia el Este estaba  empezando a levantar Orión. La noche era perfecta, el cielo estaba tan claro y limpio que había que  fijarse bien para encontrar las constelaciones entre la maraña de estrellas.  

Pensé, dejaré que Orión se levante un poco más, antes de cazar su nebulosa con el telescopio.  Entonces, decidí que era un buen momento para tumbarme, relajarme con música de Vangelis y  simplemente dejarme llevar por el espectáculo del cielo.  

La vista era impactante, algo abrumadora, y con la música apropiada sentí esa sensación que te deja  nuevo después de una intensa semana de trabajo y preocupaciones. Así estuve un buen rato cuando  oí una voz cercana que decía. ¡Te has quedado dormido, espabila que se te va la noche!  

¿Me había dormido? Mire, hacia Orión y estaba más arriba. Me levante, desbloqué los mandos del  telescopio, apunté hacia el cinturón de Orión con el buscador, luego lo bajé un poco hacia el  horizonte, y la vi.  

Cogí mi nuevo ocular y recordé. Se lo había comprado a un hombre muy viejo que había  abandonado la astronomía de campo a causa de su avanzada edad. Me impresionó su mirada cuando  me lo entregó diciendo. “Con este ocular verás detalles que con otros no podrás ver jamás”.  

Instalé el ocular en el telescopio, miré y allí estaba la nebulosa grisácea aunque desdibujada. Toqué  la rueda de enfoque y se hizo más nítida. Pero, un momento, no solo era más nítida, también se había  hecho más grande y tenía algo de color. Gire la rueda otro poco, la imagen se hizo más grande y los  colores más vivos. No podía ser ¿o sí?  

La verdad es que el ocular era muy bueno, me había costado un dineral. Seguí y a medida que giraba  la rueda de enfoque, la nebulosa no dejaba de mejorar y los colores eran como los de una imagen  sacada del Hubble. Tenía razón el viejo, ¡ese ocular era brutal!  

Pero lo que estaba ocurriendo no cuadraba en mi cabeza. ¿Si solo estoy enfocando, como es posible  qué?… Entonces volví a oír a la misma voz cercana que decía. ¡Te has quedado dormido, espabila  que se te va la noche! Me sobresalté y pensé que todo había sido un sueño.  

Abrí los ojos y el cielo seguía igual de espectacular. Me levante, fui hacia el telescopio, el ocular  nuevo estaba puesto. Mire y para mi sorpresa vi la nebulosa desdibujada y grisácea ¿Cómo era  posible que estuviera exactamente allí la nebulosa de Orión? Recordé que lo último que había estado  viendo era Aldebarán en Tauro y el motor de seguimiento funcionaba perfectamente. La nebulosa no  debería estar en el foco del telescopio ¿Acaso seguía soñando? 

Entonces con la mano temblorosa cogí la rueda de enfoque, y tras unos instantes de duda la giré.