Cuando Urano se llamaba George.

El otro día, escuchando un podcast de Astronomía y algo más con el gran divulgador Ricardo García Soto, en el que se trataban diversos temas relacionados con el tamaño del Universo, escuché una historia que me resultó cuanto menos graciosa y quería compartir con vosotros.

El invitado al episodio era el catedrático José Maza, autor de obras tan conocidas como Somos polvo de estrellas.

Narraba con gran maestría, como en él es habitual, la vida y logros del conocido astrónomo William Hershel y de como en 1871 y en uno de sus proyectos descubrió de manera accidental el planeta Urano.

Urano con sus anillos
Urano con sus anillos NASA. Hubble Telescope

Tras comprobar que efectivamente se trataba de un planeta, el monarca Jorge III, que reinaba en Gran Bretaña, encantado de que hubiese sido un británico el que había descubierto el planeta, invitó a Hershel a la corte para homenajearlo. Hershel encandilado con los honores que le profesó el monarca decidió llamar al planeta “Georgium Sidus”, la estrella de Jorge.

Dicho nombre no fue muy bien recibido por los astrónomo de otras países que lo consideraban pomposo y demasiado inglés. Sin embargo el nombre persistiría hasta 1850 tras la sugerencia del astrónomo alemán Johan Bode de que se llamase Urano. Dicho nombre tenía sentido pues Urano era el padre de Crono el equivalente en mitología romana a Saturno que es a su vez padre de Júpiter.

Muerto ya el monarca Jorge III y con la comunidad británica vencida ante la presión del resto de los astrónomos, el nombre pasó a ser oficialmente Urano.

Pero parece haber una oscura venganza en el nombre propuesto por Bode, no sabemos si casual o intencionada, para la comunidad angloparlante y es que el nombre del planeta pronunciado en dicho idioma puede resultar altamente hilarante de no remarcar correctamente el acento en la u inicial, pues sonaría algo así como [iurano] o lo que viene siendo lo mismo your anno (Tu culo).

¿Casualidad, maldad, chirigota? No lo sabremos, pero hay que reconocer que como anécdota resulta cuanto menos curiosa.

Astrosaludos!!!

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